Comer mejor para levantar el estado de ánimo

Existen multitud de factores que pueden incidir sobre nuestro estado de ánimo, pero… ¿Sabías que esos mismos factores pueden afectar también sobre tu alimentación? Aunque no lo creas, lo que sentimos o cómo estamos guarda una relación muy estrecha con lo que decidimos comer y cada cuanto lo hacemos.

El estrés, el aburrimiento, la frustración y otros estados anímicos que nos generan sensaciones desagradables (también conocidas como “negativas”) suelen ser aplacados mediante la comida: aperitivos salados, bebidas azucaradas o alcohólicas, bollería, comida rápida o ultra-procesada, etc. Sin embargo, eso solo es el inicio de un círculo vicioso al que me atrevería a catalogar como peligroso puesto que potenciar el consumo de ese tipo de productos conlleva también el fortalecimiento de una serie de hábitos que nos hacen un flaco favor: recurrimos a alimentos pocos saludables para obtener una falsa sensación de confort, habituamos al paladar a sabores muy intensos e incluso adictivos que provienen de envases muy atractivos e hipercalóricos donde se camuflan grandes cantidades de potenciadores del sabor y grasas saturadas que no solo no nos nutren sino que tampoco nos sacian…

mejorar el estado de ánimo con la alimentación

¿El resultado? Sobrepeso, obesidad, aumento del riesgo cardiovascular y diabetes -derivados a menudo de coqueteo con los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)-, predisposición a la depresión y la ansiedad, mayores tasas de sedentarismo, desequilibrios en los mecanismos del sistema de recompensa y motivación…

De igual forma, aquello que comemos también puede levantar nuestro estado de ánimo. ¿Recuerdas cómo te sientes cuando consigues comer bien, sin pasar hambre y además hacer ejercicio de forma periódica? ¡Exacto! Esa felicidad, ese orgullo e incluso la coherencia que sientes para con los valores que rigen tu vida cuando haces las cosas bien son inyecciones de bienestar y motivación que potencian un estilo de vida saludable, que nos ayudan a hacer las cosas mejor.

¿Pero qué pasa cuando dejamos de cumplir? ¿Y si todo se tuerce sin que podamos hacer nada?

La química del buen humor

Tanto nuestro estado de ánimo como nuestros hábitos alimenticios se ven forjados e incluso alterados por distintos factores que no siempre están bajo nuestro control: el entorno, la genética, la educación que recibimos, los retos a los que nos enfrentamos, cómo nos sentimos/comportamos frente a los mismos… Además, nuestro cerebro actúa sobre dichos condicionantes, sintetizando una serie de sustancias químicas como son la serotonina, la dopamina, la adrenalina, la noradrenalina, el cortisol, etc. Estas sustancias inciden directamente sobre nuestro estado de ánimo; son, sin lugar a dudas, la química del buen (o mal) humor.

cómo estar de mejor humor

Pese a todo esto, no debemos considerarnos marionetas de nuestro cerebro ni de nuestra bioquímica; nosotros somos parte activa del proceso y aquello que decidimos hacer o dejar de hacer afecta o infecta sobremanera sobre todo el proceso que hemos descrito. Por ejemplo, tenemos claro que nuestra alimentación puede estimular neurotransmisores e intervenir así en nuestra sensación de bienestar, energía, motivación… ¿Pero sabes qué? Nuestra determinación y actitud frente a lo que sucede también consigue incidir sobre dicha química.

Así pues, parece que está en nuestra mano empezar a hacer algo para alcanzar la felicidad o, cuanto menos, para levantar el estado de ánimo.

Entonces, ¿existe una dieta para la felicidad?

Quizás no podemos hablar de una dieta para la felicidad de forma literal, pero sí podemos decir que existe una relación más saludable entre comida y estado de ánimo que revierte directamente en esa felicidad que tanto ansiamos.

¡Pero cuidado! La relación de la que hablamos poco tiene que ver con lo que estamos acostumbrados a hacer… Hemos aprendido, desde niños, a superar los retos y fracasos comiendo chocolate y a celebrar los éxitos con aperitivos, alcohol o tarta. Y está bien celebrar, tan bien como darse permiso para dolerse. No obstante, “nuestra dieta de la felicidad” será aquella que no necesite la comida para conseguir confort ni celebrar éxitos.

dieta de la felicidad

Al fin y al cabo, ingerir cierto tipo de productos nos genera una subida de azúcar y endorfinas muy placentera y hasta reconfortante pero no es la solución a nuestros problemas. Y sí, te explicaré el por qué: ese placer baja tan rápido como sube y luego no solo afloran ansiedad, dependencia y necesidad de refugio en el “comer emocional” sino que también preceden a la culpa, los remordimientos e incluso el menoscabo hacia nuestro autoconcepto por no vernos capaces de hacer las cosas mejor, de otra forma.

Podemos celebrar, podemos caernos y podemos comer ciertas cosas de forma puntual y aislada… Lo que no podemos hacer es dejar nuestro bienestar físico o nuestro estado de ánimo en manos de productos que ni tan solo merecen ser catalogados como “alimento” cuando, además, existen nutrientes que no solo favorecen y propician un estado de salud óptimo, sino que también promueven mayor sensación de bienestar.

 

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