Lesiones, la otra cara del running

En mis anteriores entradas, abordamos los numerosos beneficios del deporte e igualmente y también averiguamos por qué el running gana cada vez más adeptos en nuestro país. Pero, por saludable que sea este deporte, debe practicarse de manera adecuada para evitar que la tortilla se dé la vuelta y acabe deteriorando nuestra salud. Y de manera adecuada quiere decir hacerlo con sensatez.

Al correr, todo el cuerpo se pone en marcha: más de doscientos músculos, los huesos y las articulaciones de ambas extremidades y la columna vertebral y cervical entran en juego. Como explica Javier Serrano en El manual del buen corredor, un runner que recorra la cifra media de 1.500 kilómetros anuales está ejecutando 1,5 millones de zancadas al año.

correr maraton

Si a ello le sumamos, los numerosos músculos, huesos y tendones que están implicados en la biomecánica de la carrera, una práctica intensa y frecuente puede desembocar, si no se toman las precauciones adecuadas, en lesiones. De hecho, según datos del VI Estudio CinfaSalud, publicado en marzo, el 61,8% de los corredores españoles se ha lesionado alguna vez corriendo en el último año.

Los puntos débiles del “runner”

Las articulaciones –sobre todo rodilla, cadera y tobillo-, los músculos –pantorrillas, isquiotibiales y cuádriceps-, los tendones –de Aquiles, de la rodilla y de los tobillos-, así como los huesos y tejidos nerviosos del pie y de la pierna son los principales puntos débiles del corredor. Y si, como vemos, estos son numerosos, tampoco son pocas las causas que pueden provocarlas, aunque la mayoría de ellas son, como ahora veremos, fácilmente evitables, por lo que conviene ser consciente de ellas.

En primer lugar, cualquier error en la postura que se mantiene cuando se corre puede provocar, a la larga, una lesión. Por ejemplo, aumenta el riesgo inclinarse demasiado al correr y colocar la cabeza demasiado hacia adelante o hacia atrás, así como el exceso de pronación (tender a pisar con la parte interna del pie) o de supinación (apoyar la parte exterior).

Otra posible razón es entrenarse de una manera no adecuada. Los ritmos de carrera demasiado rápidos, el aumento demasiado brusco de la velocidad y/o las distancias o no realizar suficientes descansos pueden acabar desembocando en una lesión.

Y los amantes del running también deben tener en cuenta, a la hora de salir a correr, que cuanto más larga y alta sea su zancada, mayor impacto soportarán sus articulaciones. También el tipo de superficie sobre la que se corre influye, pues no es lo mismo hacerlo sobre asfalto que, por ejemplo, sobre una pista de tierra.

estirar mal lesiones

Estirar mal también tiene sus riesgos

También los estiramientos mal realizados pueden provocar lesiones. En todo caso, no debe recurrirse a ellos para calentar –existen tablas específicas para ello- o, en el caso de que existan lesiones previas, han de realizarse con mucho cuidado.  Lógicamente, el runner debe tener en cuenta si sufre cualquier lesión o afección anterior a la hora de entrenar y, todavía más, de competir. También, cuando se sufre sobrepeso, se ha de recordar que el exceso de kilos incrementa la tensión que soportan las articulaciones.

Por último, usar un material no adecuado aumenta el riesgo de acabar lesionados. Por ejemplo, elegir unas zapatillas no adaptadas a nuestra manera de pisar o a nuestra anatomía o cambiar de un calzado usado a uno nuevo.