La educación nutricional de nuestros hijos comienza en casa (I)

Dedicaré más de una entrada a este apasionante tema. La educación es la base de todo, también de la nutrición. Todos los padres enseñamos a nuestros hijos a ser buenas personas, a portarse bien, a compartir juguetes, a saludar… pero, ¿les enseñamos a comer?

La respuesta es que no lo hacemos bien y los datos lo demuestran. Las cifras tan negativas de obesidad y sobrepeso infantil presentados en el estudio Aladino y del que dimos cuenta en nuestro blog, obligan a incidir en el papel fundamental de la familia en el fomento de hábitos de vida saludables y también nutricionales.

Una alimentación correcta desde la infancia los protegerá durante su vida adulta de problemas relacionados con la  alimentación como la obesidad, diabetes o hipertensión, entre otras enfermedades.

los niños y la comidaA continuación, extraigo una serie de consejos extraídos del libro ‘Mi hijo no come’ de los autores Rocío Ramos-Paúl y Luis Torres Cardona, publicado por la editorial Aguilar en 2010:

1)     Hacer partícipe al niño de los preparativos de la comida, como puede ser ayudar a hacer la lista de la compra, ir al mercado, preparar la comida, diseñar el menú, poner la mesa, recogerla…

2)     Crear un hábito de alimentación: comer en el mismo momento, lugar y de igual modo. Los hábitos ayudan a niños y padres a la hora del aprendizaje de rutinas y permiten que, una vez aprendidos, existan algunas excepciones.

3)     Fomentar la autonomía del niño: tiene que comer solo, ya que así aprenderá a comer él por sí mismo.

4)     Intentar comer en familia varias veces a la semana, cuantas más veces mejor. Los niños aprenden imitando no sólo lo que comen los demás, sino también cómo se comportan y relacionan en la mesa.

5)     Adaptar la dieta a las características y circunstancias de cada niño dentro de lo posible. Deben aprender y darse cuenta de que la alimentación es un placer. El momento de la comida es divertido, agradable y relajado. Para ello, hay que hablar de todo lo que cada uno ha hecho durante el día, o planear actividades de la tarde o del fin de semana.

6)     No llevar a la mesa juegos, consolas u otros materiales que le despisten del principal objetivo, que es comer. Aquí aplico el mismo consejo para los padres: nada de móviles, tabletas o periódicos. Los niños aprenden de nuestros comportamientos.

7)     Si el niño decide no quiere comer el menú de hoy, no hacerle uno nuevo. Hay que evitar que piense que sus padres son un restaurante.

8)     Reconocer cualquier avance con la comida por pequeño que sea: si prueba algo nuevo, si ayuda en la mesa, si no se levanta… De este modo, querrá repetirlo para obtener la atención de sus padres.

9)     Por el contrario, no atender su comportamiento en la mesa cuando no sea el deseado. Seguir con la conversación o con la comida y sólo cuando vuelva a comer o a sentarse, decirle lo bien que lo está haciendo.

La educación nutricional exige de los padres paciencia, dedicación, dar ejemplo, no hacer concesiones inaceptables y un cierto respeto por el apetito del niño, siempre que su crecimiento y desarrollo a juicio del pediatra (no de la abuela ni de la vecina), se encuentre dentro de la normalidad.

Os dejo una interesante reflexión sobre la educación nutricional de la Fundación Española de Nutrición.

El próximo post seguiremos hablando de cómo podemos conseguir que nuestros pequeños coman, y lo hagan bien.